sábado, 15 de febrero de 2014

Meandros

PARTE II


-                       Le vamos a labrar el acta por efectuar adelanto en doble línea amarilla.
-                       Pero el otro auto venía a menos velocidad de lo reglamentario…
-                       Eso a usted no lo justifica a cometer tal infracción.
-                       Bueno, pero entonces, ¿por qué no lo paraste a ése auto también, si cometió una infracción?
-                       Ah, ¿me va a decir cómo hacer mi trabajo?
 La discusión comenzaba a calentarse. Yo  lo observaba todo, tratando de darme cuenta si podía hacer algún aporte a la causa.
-                       ¡Parece que sí, porque no lo hacés nada bien!
-                       ¿Quiere que lo detenga por resistencia a la autoridad?
-                       Yo no estoy haciendo eso.
-                       Entonces firme al acta.
-                       ¿Ochocientos pesos? No voy a firmar nada…
-                       Puede firmar en disconformidad, pero le recomiendo firmar de todos modos. Si no se adhiere al pago voluntario, que es el cincuenta por ciento de la multa, va a tener que pagar el doble, salvo que el juez...
-                       Ah, qué buena promoción, ¿Qué tal doce pagos sin interés? – le dijo sin dejarlo terminar.
-                       Señor, si me está tomando el pelo, ya le dije, lo llevo por atrevimiento y resistencia a la autoridad.

Tenía que intervenir, sino, esto no conduciría a ningún lado, o mejor dicho a la comisaría de Despeñaderos. Seguro me pedirían que lo acompañe a declarar. Era el momento de usar mis antiguos dotes de actriz. Para algo podrían servir, total, esto no podría ir por peor camino,  al menos eso creía. Alguna idea se me había ocurrido mientras los escuchaba en silencio, de todas maneras tendría que improvisar.

-                       Oficial, disculpe que intervenga, pero quiero que quede todo bien claro – me miró de reojo, como esperando que diga alguna tontería que no cambiaría en nada su actuar – De ninguna manera vamos a arreglar esto de otra forma, como usted sugiere. Somos ciudadanos decentes que pagamos nuestros impuestos, y el hecho de que no estemos de acuerdo con el acta que usted acabade labrar, no quiere decir que seamos corruptos y queramos sobornarlo. – Ahora inclinaba todo su cuerpo hacia mí, me miraba anonadado. Mi acompañante me observaba casi de la misma forma, pero al instante se incorporó, entendiendo que venía una nueva jugada, a la cual, inevitablemente se tenía que sumar. El escenario parecía jugarnos a favor, ya que el otro oficial estaba controlando  (mas bien allanando) a una moto con su conductor y acompañante. Tal vez podíamos hacerle el dos contra uno.
-                       Señora, usted y el señor se están metiendo en algo muy serio, con esto no se juega, se los advierto. Puede tener hasta un año de prisión por intimidar a un oficial de seguridad, artículo 237 del código penal.

Por un momento dudé. Era una policía de unos treinta y pico de años y parecía bien armado por como hablaba. Pero una vez que te tirás de cabeza sin conocer el fondo, no podés tratar de darte vuelta en el aire para caer parado. De todos modos, mi dupla pareció sentir mi instante de duda e intervino de inmediato.
-                       ¿Y cómo probaría que lo hemos intimidado? Nosotros, también podemos denunciarlo, tenemos sus datos. Ahora entiendo para que les sirven los uniformes, las placas y los autos.
-                       Pueden hacerlo, estarían cometiendo ahora otro delito por falsa denuncia.
-                       ¿Y cómo va a probarlo? – repreguntó nuevamente.
-                       No me costaría nada llamar a mi compañero y…
-                       Ya veo – interrumpí – pero su compañero parece bastante ocupado, y todo esto le agregaría unsa horas extras a su trabajo que seguro no contarían como adicional: dar cuenta al juzgado de la supuesta intimidación y/o falsa denuncia, esperar la decisión, volver a declarar, etc. Parece un camino largo. Si tiene ganas de hacerlo, nosotros vamos con usted.

Parece ser que, –sin saberlo - dije algo que estaba en lo cierto, ya que  la cara del oficial se había paralizado en un segundo eterno. Nosotros le manteníamos la vista en alto, como haciéndole creer que estábamos dispuestos a llegar hasta el final, que ésa era nuestra jugada y la íbamos a defender hasta las últimas consecuencias (por cierto, no sabíamos cuáles eran) Íbamos a defender nuestra mentira contra su verdad.

-                       Está bien, – dijo mientras nos miraba arrogante y rompía  en pedacitos el acta que había labrado – en todo caso, revisen sus correos. Hasta luego, saluden al juez de mi parte.
-                       Así lo haremos, hasta pronto oficial.

Lejos de intimidarnos su ironía, salimos a paso lento aguantándonos la carcajada. Fuimos a desayunar a lo de mi amiga. No podíamos parar de reírnos mientras le contábamos la anécdota. Intercambiamos números de celulares y nos dimos un sentido abrazo, un hasta pronto. Ya nos encontraremos en alguna orilla de río o ruta, nos dijimos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario