-
Le
vamos a labrar el acta por efectuar adelanto en doble línea amarilla.
-
Pero
el otro auto venía a menos velocidad de lo reglamentario…
-
Eso
a usted no lo justifica a cometer tal infracción.
-
Bueno,
pero entonces, ¿por qué no lo paraste a ése auto también, si cometió una
infracción?
-
Ah,
¿me va a decir cómo hacer mi trabajo?
La
discusión comenzaba a calentarse. Yo lo
observaba todo, tratando de darme cuenta si podía hacer algún aporte a la
causa.
-
¡Parece
que sí, porque no lo hacés nada bien!
-
¿Quiere
que lo detenga por resistencia a la autoridad?
-
Yo
no estoy haciendo eso.
-
Entonces
firme al acta.
-
¿Ochocientos
pesos? No voy a firmar nada…
-
Puede
firmar en disconformidad, pero le recomiendo firmar de todos modos. Si no se
adhiere al pago voluntario, que es el cincuenta por ciento de la multa, va a
tener que pagar el doble, salvo que el juez...
-
Ah,
qué buena promoción, ¿Qué tal doce pagos sin interés? – le dijo sin dejarlo
terminar.
-
Señor,
si me está tomando el pelo, ya le dije, lo llevo por atrevimiento y resistencia
a la autoridad.
Tenía que intervenir, sino, esto no
conduciría a ningún lado, o mejor dicho a la comisaría de Despeñaderos. Seguro
me pedirían que lo acompañe a declarar. Era el momento de usar mis antiguos
dotes de actriz. Para algo podrían servir, total, esto no podría ir por peor
camino, al menos eso creía. Alguna idea
se me había ocurrido mientras los escuchaba en silencio, de todas maneras
tendría que improvisar.
-
Oficial,
disculpe que intervenga, pero quiero que quede todo bien claro – me miró de
reojo, como esperando que diga alguna tontería que no cambiaría en nada su
actuar – De ninguna manera vamos a arreglar
esto de otra forma, como usted sugiere. Somos ciudadanos decentes que pagamos
nuestros impuestos, y el hecho de que no estemos de acuerdo con el acta que
usted acabade labrar, no quiere decir que seamos corruptos y queramos sobornarlo. – Ahora
inclinaba todo su cuerpo hacia mí, me miraba anonadado. Mi acompañante me
observaba casi de la misma forma, pero al instante se incorporó, entendiendo
que venía una nueva jugada, a la cual, inevitablemente se tenía que sumar. El
escenario parecía jugarnos a favor, ya que el otro oficial estaba controlando (mas bien allanando) a una moto con su
conductor y acompañante. Tal vez podíamos hacerle el dos contra uno.
-
Señora,
usted y el señor se están metiendo en algo muy serio, con esto no se juega, se
los advierto. Puede tener hasta un año de prisión por intimidar a un oficial de
seguridad, artículo 237 del código penal.
Por
un momento dudé. Era una policía de unos treinta y pico de años y parecía bien armado por como hablaba. Pero una vez
que te tirás de cabeza sin conocer el fondo, no podés tratar de darte vuelta en
el aire para caer parado. De todos modos, mi dupla pareció sentir mi instante
de duda e intervino de inmediato.
-
¿Y
cómo probaría que lo hemos intimidado? Nosotros, también podemos denunciarlo, tenemos
sus datos. Ahora entiendo para que les sirven los uniformes, las placas y los
autos.
-
Pueden
hacerlo, estarían cometiendo ahora otro delito por falsa denuncia.
-
¿Y
cómo va a probarlo? – repreguntó nuevamente.
-
No
me costaría nada llamar a mi compañero y…
-
Ya
veo – interrumpí – pero su compañero parece bastante ocupado, y todo esto le
agregaría unsa horas extras a su trabajo que seguro no contarían como adicional: dar cuenta al juzgado de la supuesta
intimidación y/o falsa denuncia, esperar la decisión, volver a declarar, etc.
Parece un camino largo. Si tiene ganas de hacerlo, nosotros vamos con
usted.
Parece ser que, –sin saberlo - dije algo que estaba en lo cierto, ya que la cara del oficial se había paralizado en un
segundo eterno. Nosotros le manteníamos la vista en alto, como haciéndole creer que
estábamos dispuestos a llegar hasta el final, que ésa era nuestra jugada y la
íbamos a defender hasta las últimas consecuencias (por cierto, no sabíamos
cuáles eran) Íbamos a defender nuestra mentira contra su verdad.
-
Está
bien, – dijo mientras nos miraba arrogante y rompía en pedacitos el acta que había labrado – en
todo caso, revisen sus correos. Hasta luego, saluden al juez de mi parte.
-
Así
lo haremos, hasta pronto oficial.
Lejos
de intimidarnos su ironía, salimos a paso lento aguantándonos la carcajada.
Fuimos a desayunar a lo de mi amiga. No podíamos parar de reírnos mientras le
contábamos la anécdota.
Intercambiamos números de celulares y nos dimos un sentido abrazo, un hasta
pronto. Ya nos encontraremos en alguna orilla de río o ruta, nos dijimos.