sábado, 30 de noviembre de 2013

Un triángulo para cuatro bolas



 PARTE II

Si usted se encuentra por primera vez en el blog, puede leer este capítulo en cualquier orden sin que se altere el sentido general de su comprensión.


Se les da trabajo, se les paga bien,  pero así  y todo siempre terminan por hacerte algún mal. O no terminan  a tiempo, o te caen a cualquier hora, o no te caen, o, en el peor de los casos, te pasa lo que me paso a mí anoche.
Uno se esmera en  ser amigable y tratar de igual a igual a esta gente, pero es al vicio. Le das la mano y se agarran del codo, no se puede confiar.
Me refiero al personaje que vino a hacer el estucado el finde, ¿te acordás? ¿Cómo que el veterano pintón? ¡Qué sé yo! Bueno, sí, el mismo, el que terminó ayer a la tarde. Resulta que me lo encontré anoche en el bar. Sí, ya sé, qué hago entre esos borrachos, pero bueno, me gusta hacer un par de partidas al pool, cosas de hombres. No, no es que sea machista, esperá, déjame contarte. Ya que siempre los defendés, quiero que sepas la clase de gente que son estos tipos.
Lo invité a jugar un partido. Me aceptó por compromiso, eso parecía, y eso que le dije que si me ganaba un juego le pagaba el doble de lo que le di por su trabajo. Bueno hija, ¿te vas preocupar por la plata? Ah, no, claro, te preocupas de que me meta a apostar en el boliche del pueblo, sí, tenés razón.  Que le vas hacer, ya está, jugamos un juego y le gane con baile. Ya sé que no te importa un partido de pool, pero dejáme continuar, así te puedo explicar. Me dio pena, así que le di revancha, parecía mejorar, estuvo peleado, pero le gané de nuevo. Ahora tenía rival, y para colmo él me halagaba, qué caradura. Bueno en el tercer juego me ganó sólo en dos movidas, no me dejó meter una sola bola, ¿entendés? ¿Cómo que no? Hijita, me había estado engañando, era experto jugador. ¿Cómo que paranoico? No, en este juego no hay tanto de suerte…claro, qué vas a saber vos. No es que me la agarre con vos, dejáme terminar.
Le dije que me había estafado, que no le iba a pagar. Sí, ya sé, le tendría que haber pagado para evitar problemas. ¿Podes creer que me quiso encarar y golpear contra la mesa? Sí, eso mismo es, más que un violento, yo diría un negro de mierda… ¿cómo que no?, son todos iguales. ¿Qué hice? Obviamente lo esquivé y lo contuve. Decí que vino el cantinero y sacó el revólver para terminar con todo, sino, no sé qué le habría pasado a ése.

sábado, 16 de noviembre de 2013

Un triángulo para cuatro bolas


En el primer capítulo de "el tipo", dividido en tres partes,  los personajes arman una suerte de trilogía, haciendo  foco sobre una misma historia que los tiene como protagonistas.


 PARTE I

Cuando tengo una changa a la mañana, no me zarpo en alcohol; como dije antes, sólo una ginebrita como desayuno. Y, hablando de changas, la del fin de semana no me la olvido tan rápido. Me llamó un ricachón que tiene un caserón en una estancia,  cerca del lago Los Molinos. No sé quién carajo le había pasado mi número; le habían dicho que yo era de los pocos que sabían trabajar el estucado, lo cual es cierto. Era un laburo de dos días, poniéndole ganas. El domingo lo terminé, y después de cobrar me fui a tomar unas birras al único boliche del pueblo. Tuve la suerte de ver un par de lindos culos entre tantas caras de borrachos serranos.
Me estaba yendo y, en eso, veo la cara del gringo ricachón que me hace un guiño para hacer una partida de pool.
-          Ya me iba patrón.
-          Si me ganás un partido te doy el doble de lo que te pagué esta tarde
-          Si insiste…
Bueno, dos luquitas por jugar un rato con un gil de éstos no se las rechaza así como así, pensé.
  Comenzamos a jugar y, como se me hizo el desafiante, me dieron ganas de divertirme un rato con él, no tantas como las que tuve para divertirme con su hijita, si supiera.
Lo dejé ganar fácil el primer partido; él no sabía con qué nivel de jugador se estaba enfrentando, así que necesitaba darle confianza. Después de una gastada, me ofreció revancha y le dejé ganar de nuevo, pero ajustadísimo.
-          Menos mal que yo no aposté nada a mi favor ¿no?
-          Usted es muy bueno jefe
-          No, tuve suerte nomás. Estuvo muy peleado y estuviste cerca, así que te voy a dar una partida más. Pero ésta vez, si no ganás, pagás mi whisky.
-          Como no patrón, es lo menos que puedo hacer

A ésa altura de la noche, sólo éramos el cantinero y nosotros dos. Ya tenía toda planeada mi dulce victoria, así que le pedí que me dejara reventar para darme alguna ventaja. Metí dos bolas apenas abrí, y no paré, una tras otra; sólo dejé la ocho, la cereza del postre. Él estaba boquiabierto, no entendía nada, le dejé un solo tiro que claro, no pudo aprovechar. Mientras pitaba una seca, le dije que vaya pelando los billetes y, segundos después, metí la negra de triple carambola.
-          ¡Ah, pero como me estafaste! No, en esta gente no se puede confiar nunca…
-          Yo no estafé a nadie. Pagáme la apuesta.
-          Que te voy a pagar si me engañaste fingiendo que no sabías jugar. Agredecé que te pagué por tu laburo… Y no te aparezcas más por acá.
-          Yo me aparezco por dónde quiero –le dije mientras le ponía el cogote contra la mesa–. Y si no me pagás, te haga comer todo el sintético  y te meto por el orto todas las bolas que te quedaron en la mesa.
-          ¡Epa epa, no quiero quilombos por acá! –dijo el cantinero mientras cargaba un 22–. Te vas cagando por dónde viniste,  matoncito.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Presentación

Que belleza levantarse cuando el sol está bien arriba y desayunarse con una ginebrita, eso sí que te levanta. ¿No es temprano para tomar? Preguntas boludas si las hay… Ah, gil, ¿acaso no es temprano para fumar?
Nada de andar laburando mucho y de sacarle tiempo al ocio. Alguna changuita, alguna moneda y pa´l bar, a verle el culo a las minitas que salen de laburar. El placer que da no pensar en nada y solo sentir el frescor de la birra helada, es incomparable. Se hacen las ofendidas, pero a ellas les encanta que le tiren piropos en la calle, sobre todo si son subidos de tono.

Mis amigos dicen que me pongo agresivo cuando tomo una copa de más. Se creen que por estar  “cuerdos” pueden tener algún tipo de razón. Me caliento porque no saben una mierda, y me discuten pelotudeces que no tienen ni idea. También me dicen que invento historias cuando tomo. Ahora, cuando jugamos un truco parece que nadie sabe cuándo miento… Por eso los hago mierda y les saco los billetitos como a un niño.
Y de la familia, ni hablar. Nunca van a entender. Pará de tomar, me decía mi jermu. Pará de comer, gorda, le decía yo.

Por eso repito que no tienen idea, por eso me caliento. Nadie le dice al fumador pará de fumar ni le dejan de vender kilos de tabaco; nadie le dice al gordo pará de comer ni le dejan de vender kilos de grasa. Entonces, ¿por qué carajo se meten con la vida de uno? ¿Se meten porque no entienden? Yo tampoco entiendo cómo se matan laburando solo para llegar a sus casas y  tomarse  una coca sin fernet, mirar la novela o el noticiero y cogerse a una gorda que da asco y  que encima tienen por mujer. Pero no les digo nada.

Así  es que no tengo ni amigos ni familia, ni amante. Me basta con cogerme una putita de vez en cuando, apostar a unas manitos de truco mientras tomo algo fresco, o a una partida de pool y romper algún taco en alguna cabeza, si algún gil no quiere pagar.
 
La vida está para vivirla y todos vamos a morir. Yo encontré una forma simple y placentera de hacerlo. Me pierdo en una copa como se pierde un buda meditando, ¿cuál es la diferencia?