viernes, 3 de enero de 2014

Sándwich de jamón y queso


 
Yo pensaba que sólo los mormones o los testigos de Jehová te insistían de una manera tan rompe bolas para que te unas a su credo y demás. Pero parece que existen otros credos que están más de moda, en dónde las personas no te tocan el timbre al mejor estilo mormón, pero sí aprovechan cualquier café en dónde se da una conversación para imponerte su filosofía de vida.
Era una tarde de domingo y fútbol. Tarde de superclásico. Yo estaba en el bar con mi cerveza esperando que empiece el partido. No estaba repleto, pero las sillas y mesas estaban casi todas ocupadas, me llamó la atención ya que ahora todo el mundo puede ver el fútbol en su tele de aire.
Ni bien comenzaba el partido se me acerca un pibe preguntándome si se podía sentar a compartir la mesa. Asentí con la cabeza.
No me fijo mucho en las personas, salvo en esas minas que es imposibles no verlas detenidamente. Pero este flaco me llamaba la atención, parecía medio hippie: rastas, ropa sucia, algún tatuaje…
Pasaba el primer tiempo, cero a cero como en los últimos tantos superclásicos. Por suerte el pibe no hacía ningún comentario boludo para sacar una inútil conversación.
Llegaba mi sándwich de jamón y queso en el entre tiempo. Un afano, veinte pesos por una paleta que ni se acercaba en lo más remoto al peor jamón. Nada de mayonesa, nada de queso. No me llenaría ni con diez. Acá es en donde vendría mi peor equivocación, la de transformar en comentario lo que estaba pensando.
-          Como puede ser que me traigan estas migajas de pan por veinte mangos, me voy a cagar de hambre ¡Mataría ahora mismo por un choripan!
-          Bueno, en cierta forma ya mató por ese jamón, ¿no? – dijo él.
-          ¿Cómo pibito? – le pregunté.
-          Claro, en cierta forma, usted está alimentando la industria del asesinato y maltrato de animales.
Decía tales afirmaciones con una seguridad tan impregnada como la mugre a sus rastas.
-          Antes que nada, ojalá fuera jamón, ni siquiera asciende a paleta. Y yo no alimento a nadie, sino que me estoy alimentando. Ya entiendo… ¿Sos vegetariano?
-          No, en realidad soy vegano.
-          Ah, y ¿cuál es la diferencia? – apenas concluyó mi pregunta, me di cuenta de que fue mi segundo error. Debí haber comentado algo asi como: “si che, la verdad tenés razón”. Pero a veces uno no puede con su genio y se enrosca en cosas que ni valen la pena. No me enrosco con las más sofisticadas artimañas de las mujeres y me vengo a enroscar con esto.
-          Los vegetarianos no comen carne; los veganos no comemos ningún derivado animal; ni huevos ni lácteos, por ejemplo.
-          Pero desde siempre, el hombre ha comido de todo. Como los chanchos. Mierda, somos iguales que los chanchos. Pensar que los judíos no comen cerdo, ¿será porque estos animales también se alimentan de carne, como nosotros, y los judíos sólo comen carne de animales vegetarianos? Es decir, un judío podría comerte, en cambio a mí, no – dije casi riéndome.
  El pibe se detenía en una pausa, como buscando nuevamente esa seguridad con que había largado sus anteriores afirmaciones.
-          ¡Claro, somos de naturaleza omnívora! -  exclamó de repente - No recuerdo los motivos de los judíos para no comer cerdo, aunque su razonamiento tiene cierta lógica.
-          Sí, esa era la palabra, omnívoros.
-          No quisiera que me mal interprete, no estoy en contra de que la gente coma carne. En definitiva, todos los productos que consumimos tienen cierto maltrato, sean de origen animal o vegetal. Mi problema no es con el que caza o pesca un animal y se lo come, pero sí me parece un flagelo mundial el tema de la industria alimenticia. No sólo por violación de los derechos de la tierra y de los animales, sino también por el hecho de esclavizarnos bajo una forma de alimentación que va en desmedro de nuestra salud. Una alimentación que desnutre, intoxica, enferma. Y claro está, somos lo que comemos.
-          Entiendo, entonces, ¿porque elegiste no comer carne?
-          En mi caso, es más una cuestión filosófica moral. Si puedo estar perfectamente nutrido sin matar a un animal, entonces, ¿por qué habría de hacerlo? Si bien no juzgo a los que se alimentan de animales de una manera natural, considero al veganismo como uno de los pilares  para una  posible evolución del ser humano. Existen muchas otras razones para evitar las carnes. Desde la macrobiótica podría decirse que…
-          Interesante – dije interrumpiendo - Planteas volver a alimentarse de una forma natural y orgánica, como hace mil años. Pero también le sumás esa moral de lo vegetariano o vegano, o como se llame, que va en contra de la “naturaleza omnívora” del hombre desde que es hombre.
-          Sí, pero por eso le decía que hay otras razones…
-          Escuchá: Si somos lo que comemos, dejá de comer boludeces, y  dejemos de hablar giladas que ya empezó el segundo tiempo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario