PARTE III
No
lo soporto a mi viejo. No sé si es que estoy resolviendo el Edipo o qué, pero
ya no lo soporto más. Igual que a todo el resto de la familia; me tendría que
ir a la mierda de acá. De qué sirve pasar las vacaciones en un inmenso parque
en dónde no te ves con nadie. Por más paradisiaco que sea el lugar, por mas
caballos que tenga, pileta y cancha de
tennis para jugar sólo con familiares. No tiene gracia, prefiero que me compren
un terrenito en Villa Ciudad Parque, así me hago una casa ecológica para llenarla
de hippies y flores.
¿Para
qué me cuenta estas cosas? ¿Qué carajo puede importarme a mí una pelea que tuvo
jugando al pool con el tipo que vino a trabajar acá? Encima denigrando a la gente,
tratándolos de negros, de estafadores. Me revienta cuando se cree más que otras personas. Que puede hablar él de estafa,
que vive a costa de los demás, paga sueldos miserables y se la pasa comprando tierras todo el tiempo
para llenarlas de soja. Aparte ya lo he visto alguna vez en ése pool,
apostándole un whisky a los serranos borrachos…patético. Mal no le venía la lección, tuvo suerte y la sacó barata. Aunque si ligaba una buena
paliza, no hubiera estado de más.
Mejor
lección sería – quizá - contarle que la noche anterior a su peleíta, me lo
garché al tipo este. Ése que según él, lo quiso estafar. Se querría matar. Ya
que, seguramente, esto ensuciaría su apellido, su casta, su prestigioso linaje.
No
creo que yo haga éstas cosas sólo para molestarlo, digo, porque ni siquiera se
las cuento, ni a él ni nadie. Simplemente me
excita garchar con chongos que no tengan nada que ver conmigo, que no sean
de éstos círculos de doble apellido, tipos de verdad. Y me encanta
hacerles creer que me llevan a la cama
porque tienen el doble de mi edad; que me
convencen porque se la saben todas; que me calientan sus poses y actitudes de macho
alfa, y que esto les da derecho a hacerme cualquier cosa durante el sexo; claro
que no.
Si bien
este personaje no era como cualquier
otro con el que me acosté, respondía a ciertos patrones comunes que tienen
todos los hombres, o al menos la mayoría. Por ejemplo en la cama, el tipo me
había dado un buen rato y yo ya había acabado varias veces, pero se ve que él
no podía. “Porque no me la chupás así termino”, me dijo casi ordenándome, el
muy machito. “Dale y, ¿querés que te la trague también? No te la voy a chupar,
ni te conozco, pero si querés te puedo meter un dedo en el culo, o los que
quieras”, le contesté. Boquiabierto se quedó, como tratando de masticar una puteada que se
tragó por no escupir.
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